sábado, 19 de marzo de 2016

Hace diez años ya

Hoy hace diez años del último día del padre que pude vivir con el mío. Digo vivir y no celebrar, porque fue también el día que ingresó en el hospital del que ya no saldría con vida. Sincronías que dan qué pensar...

Cuando su primer alumno y gran amigo, el doctor valenciano Luis Almenar me llamó para darme el pésame, me dijo de él cosas muy bonitas y sentidas que me emocionaron. Tanto, que le pedí me las escribiera para poder conservarlas y recordarlas. Por alguna razón, hoy he pensado en ello y he recuperado la carta del cajón.



Querido José María:

¡Qué duro se me hace escribirte estas palabras, ahora que ya no estás entre nosotros! Pero, llevado por el corazón quiero dejar testimonio del cariño y admiración, que siempre he tenido hacia tu persona. Que estas líneas sirvan de alivio y consuelo, a los que tanto has querido y que te recordaremos eternamente. Tu hija Myriam, me pedía llorando, que escribiera los sentimientos que tu amistad y humanidad me han proporcionado. Y así lo hago.

Sin extenderme mucho, no puedo dejar pasar el día que te conocí, hace ya más de 35 años en el despacho del maestro Claude Hernandez en Paris. Allí coincidimos y supe la amistad que tus padres y tú mismo tenían con mi padre y la familia de Amparo, mi mujer. Este fue el caldo de cultivo de la amistad que se fraguó de inmediato.

Profesionalmente te debo el coraje y responsabilidad que siempre me inculcaste. Eras duro con los demás, pero el primero en cumplir eras tú. Luchaste y conseguiste metas que pocos han logrado: el más orgulloso era yo, cuando me presentabas como tu primer alumno, con ese cariño y satisfacción que pocos como tú, podían ofrecer.

La epoca 70-71, la recordaré como un hito importante en mi vida, porque aprendí mucho de tí. Me hiciste sentirme responsable en mi profesión y esto me ha servido mucho a lo largo de mi vida como médico.

Y en lo humano... ¡qué te voy a decir! Viví una época en donde con Maritina, tu mujer y tus hijas, me sentí como en mi propia casa. No había más que verte cuándo hablabas de ellas, que se te caía la baba, de lo que las querías. ¡Hubieras dado la vida por ellas y así me lo manifestaste cuando lo de la pobre Cristinita! ¡Ahora estarás con ella y podrás seguir gozando en el más allá!

Pero qué tristeza más grande, no poder decirte esto personalmente... quiero por ello dejar tesiminonio de mi eterno cariño, respeto y devoción que siempre te he profesado.

Jose... Josito... se me cae un lagrimón y no sé si podré seguir... Dejo que los recuerdos sean la mano que guie estas líneas para terminar al menos esta hoja.

Es momento de vivir de los recuerdos y para que Maritina y tus hijas estén bien orgullosas de tí -aunque no hace falta que lo diga- te diré que tu "gran humanidad física" se quedaba pequeña frente a tu grandeza humanitaria, trabajando hasta lo incansable por la curación de tus pacientes.

Myriam, Yolanda, Maritina, cualquier bien nacido confirmaría lo que yo he transcrito en estas breves pero sentidas líneas.

Bueno Jose, me despido como si me fueras a leer... Quizás desde el cielo me estés viendo. Ten la certeza que los que te queríamos, te estaremos viendo a perpetuidad.

Luis Almenar del Poyo
Murcia, un triste 15 de abril de 2006


El video es el de una de sus piezas favoritas, el segundo movimiento del Concierto nº 2 para piano y orquesta de Chopin. Mi padre decía que era sublime. Yo también lo pienso. Como tantas otras cosas... él me enseñó a disfrutarlo.

Hoy más que otros días, le he echado de menos.

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